LA IMPORTANCIA DEL CALENDARIO EN NUESTRAS FIESTAS
A pesar de que, en apariencia, una fiesta sea tan sólo una forma de diversión, de alegría y de desenfreno, necesaria para soportar el pesante sopor de la vida cotidiana, la fiesta no es únicamente eso. Es más, la fiesta es ante todo otra cosa.
La fiesta es un espacio sagrado dentro del calendario. Los días dedicados a la fiesta se caracterizan por responder a una organización diferente del tiempo. Frente al tiempo de la cotidianidad, donde a los ritmos de los días laborables les suceden los ritmos de los días de fiesta, y a los deberes de la época de trabajo les suceden los relajos de la época de vacación, la fiesta supone un cosmos aparte en el que la comunidad celebra y, para celebrar, necesita anclarse a unas fechas, que no sólo vinculan al conjunto de miembros de la misma, sino que vincula también a las generaciones pasadas con las presentes y las futuras. Para participar de la fiesta no tienes necesariamente que hacer acto de presencia, la fiesta, con su lógica de desarrollo, conocida y compartida por todos y todas, puede vivirse lejos de la comunidad, con la misma pasión y con el mismo nivel de participación. Esto es especialmente contrastable en las comunidades de emigrantes. De igual modo, que unas familias de andaluces en Estados Unidos pueden celebrar el Rocío, marcado por Pentecostés, otras de navarros celebran San Fermín, en Nueva Zelanda, sin que nadie se plantee la pertinencia ni dude de las fechas de tal celebración. Por más deseable que sea, participar de la fiesta no exige estar necesariamente en el lugar donde habita la mayor parte de la comunidad; participar de la fiesta exige tan sólo participar del tiempo sagrado de la fiesta establecida por esa comunidad.
Cuando se rompe el calendario de la fiesta, cuando la fiesta se cambia de fecha, se acaba con el carácter sagrado de la misma y se desarticula el vínculo que unía a la comunidad en torno a ella. Nadie va a celebrar nada en la lejanía si sabe que en el lugar de origen ese día no hay fiesta. Cambiar las fechas desmoviliza y desestructura a la comunidad, en primer lugar, porque la desvincula del pasado. Mucha gente que celebraba su santo en un día concreto, ha visto desplazado ese día en el calendario posteriormente y ha sido incapaz ya de celebrarlo en la nueva fecha… ¿Por qué? Sencillamente, porque no existe ningún arraigo con esa nueva temporalidad. Si se cambia la fecha de la fiesta, mucha gente se desmoviliza de la misma. Por otro lado, si celebramos en fecha distinta a la que celebraron nuestros antepasados, rompemos el hechizo de la comunión entre generaciones; es decir, la comunidad de hoy pierde pie con la de ayer.
Quienes vivimos las fiestas patronales de Nava en los años 70, 80, 90… conocíamos de memoria la sucesión de acontecimientos. La repetición, año tras año, de la secuencia sagrada del 6 al 10 de septiembre, nos permitía disfrutar de la misma estuviéramos o no. Sin necesidad de ningún programa (menos de un programa-panfleto) cualquiera podía saber en cada momento, aunque estuviera en el otro lado del mundo, que sus amigos, sus tías, sus vecinos, etc., estaban haciendo precisamente tal o cual cosa, o estaban en tal o cual sitio, porque tenían interiorizados la fecha, el contenido y el ritmo festivo.
Desde hace años, como dijo Shakespeare en el Hamlet, el tiempo de la fiesta en la Nava “se ha descoyuntado”… y con ello, la fiesta ha perdido el carácter vertebrador de la comunidad. Si la víspera no es el día 6 y el primer encierro el 7… si el día 10, receptáculo de la tristeza del fin de la diversión, ni siquiera es ya considerado parte de la misma… si, en lugar de los tres grandes encierros “canónicos”, se multiplican esos espectáculos, haciendo que pierdan su carácter de acontecimiento y convirtiéndoles en atosigante rutina… En resumen, si se destroza el calendario y se destroza la secuencia de eventos, sencillamente, la fiesta desaparece y lo que queda es una sucesión de espectáculos taurinos y verbenas, que de puro repetitiva se hace trivial. Alguien tendrá la explicación al incoherente cambio de fecha de las fiestas de Nava, pero, desde luego, las autoridades habrían de tomarse en serio la tarea de devolver estas fiestas a su lugar en el calendario en aras de empezar a reconstruir el de por sí ya muy maltrecho espíritu comunitario en el pueblo.